Carlos F. Ortiz

Mazatlán, 1976

El hombre que miraba pasar los trenes. Puede sonar a lema de tía solterona pero no, esta es la historia de un hombre de cabellera rizada sobre el hombro, tan disperso como periodista, y dispuesto a reírse a la menor provocación. Posee, como todo poeta verdadero, una nostalgia falsa. 

Muestra de obra

GATO

Han pasado algunos años, no se contar los años como lo cuentan las personas, no sé contar ni las horas, ni los días. Pero sí sé que han pasado años. Una tarde lluviosa, o era de noche, tampoco eso lo sé. Lo que sí sé es que lluvia, y cómo llovía, era una tormenta, o a mí eso me lo parecía, aunque no sé realmente mucho sobre tormentas, y sobre lluvia también sé muy poco, solo sé que a veces llueve y mucho, a cantaros he escuchado que dicen, aunque no tengo idea de lo que signifique, pero así llovía esa tarde, o noche.

Alguien me había dejado bajo un árbol, un gran árbol, podría decir que era una jacaranda, o un pino, o un cedro, pero como sabrán tampoco sé sobre los árboles, sólo sé que son árboles, porque he escucha que así los nombran, y sé que aparte tienen otros muchos nombres para los árboles.

Yo por ejemplo soy un gato, pero me llaman Pichicuas, y a otros gatos les ponen otros nombres, como a los árboles, pero los árboles no se mueven, no tienen patas, tampoco cola, ni maúllan. Son tristes los árboles porque sólo se queda ahí quietos, pobrecitos los árboles.

Yo siempre estoy paseando, me subo a las azoteas y ando por todo el barrio, y cuando tengo pereza simplemente me recuesto y duermo, me gusta dormir, me gusta acicalarme y ronronear, me gusta la luz de la luna, el olor de la noche.

Sí, han pasado muchos años. Lo sé por el cansancio de mis huesos, porque Camila, Lucio, Andrea, Edgar y Alfonsina, ya no habitan la casa, se fueron a estudiar. Todos en algún momento abandonan la casa. El abuelo de ellos un día se lo llevaron al hospital y no regresó. Todo estaba muy triste. Y de tristeza sí que sé, y mucho. También sé ahora de estar cansado, pero no cansado por correr y trepar, no. Cansado de otra manera. Como si algo pesado hubiera decidido vivir en mi lomo. Y pesa mucho. Creo que es momento de recostarse, y cerrar los ojos. Abandonar de pronto este agotamiento. Cerrar los ojos. Dejar de maullar.

Andy

Cuántas peleas Andy debe de ganar
para no sentirse tan solo,
tan derrotado en su esquina,
con el cuerpo molido.
Esta no es una metáfora
para hablar sobre la soledad.
Ahí en un rincón Andy abandonado, triste,
y la sangre que escurre de su ceja izquierda.
Alguna vez te has sentido tan solo como Andy,
en el cuadrilátero tirando golpes a un desconocido.
Ahí no hay nadie más.
Solo el dolor de costillas y el cansancio,
la respiración animal del otro
que no para de tirar jabs. Andy es un niño
que sólo sabe golpear y recibir golpes,
y sonreír y gastarse sus millones en tonterías.
Pero está solo.
No hay nada más grande que la soledad de un campeón,
y ahora Andy lo sabe,
mientras en la televisión un torpe comentarista se burla de él,
porque Andy es solo un niño, que ha aprendido a estar solo,
como lo está un niño parado en el centro del ring.

Sobre la memoria

Bajo el frío recuerdo de las horas
mis dedos van recorriendo palabras
como agujas filosas, y el hilo
es un mar de sonidos inmensos.

En este país hay una costumbre al olvido,
se celebra inmoralmente la ausencia de memoria.

El milagro es un recipiente que guarda tu nombre,
la oscuridad infinita que vela por nuestros muertos.

Es un año de navegar entre escombros,
ocultos, en el encierro indiferente del destierro.
Tengo un nombre para todo esto, pero lo he olvidado,
lo anoté en el agua, en la corriente del río
que como sombra va pasando por tu cuerpo.

He salido y desobedecido al miedo.

Mientras en alguna parte la carne arde,
la fiebre es un cuchillo errante,
un recuerdo que migra a otros cuerpos.
La memoria del frío, y de la muerte.

El Duelo

Cortometraje
Título: El Duelo
Duración aprox.: 20min..
Género: ficción.
Época: actual.

PERSONAJES

Hombre 1
Hombre 2

Sinopsis

Dos hombres se encuentran después de salir, cada uno, de un bar, en medio de la soledad de la noche, cada uno se ve a la distancia temiendo lo peor.

I

En el bar

1          HOMBRE 1

            Se encuentra en un bar bebiendo con amigos, se escucha música y risas. Decide marcharse y se despide. Sale del bar.

La cámara lo sigue.

2          HOMBRE 2.

            SE encuentra en un bar del bulevar bebiendo solo, se escucha música de una rockola. Se levanta paga y sale del bar.

            Disolvencia a NEGROS.

3          CÁMARA DE NOCHE. EN ALGÍUN LUGAR DEL BOULEVARD

A lo lejos se ve al hombre 1 que se acerca sólo. Se tambalea. Viene tomado.

La cámara se acerca. Close up.

Al otro extremo se ve al hombre 2. También se tambalea.

4          CÁMARA NOCHE.

Los dos se ven a la distancia. Acercamiento de cámara a los ojos de hombre 1. Nervioso, se escucha música de Ennio Morricone).

Hombre dos ve al hombre 1. Se llena de valor, respira profundo.

La cámara se aleja. Los vemos a la distancia, como si estuvieran en un duelo.

La cámara se detiene.

5         CÁMARA NOCHE.

Se van acercando en un punto. Los dos pasan se observan fijamente. Silencio.

Cuando están de espaldas cada uno suspira y se alejan.

El cuerpo

Una mañana apareció ahí tirado, con las bolsas del pantalón de fuera, la ropa arrugada y un olor ácido como de muela podrida. Al pasar los días era ya una presencia normal, podría decirse que común, como el Tarántulo, el borrachín del barrio. Al pasar cerca se procuraba aguantar un poco la respiración, ya que el tufo que expedía era muy penetrante.

Nadie reclamó el cuerpo, lo que me hizo creer que los cuerpos quizá no tienen dueño, son seres solitarios, esta hipótesis se encontraba respaldada por aquel bulto andrajoso. Los niños se acercaban a jugar con él, le enterraban palos, tablillas, le sacaban los ojos, le arrancaban la lengua, luego volvían a acomodar todo en su lugar, era su juego de arma a tu cuerpo o algo similar.

Con el paso de los años el cuerpo se trasformó en una pila de huesos y harapos. Nunca tuvo un nombre, o eso creíamos, todos desde doña Gertrudis la del cuatro, hasta don Bartolo el del treinta se referían a él como el cuerpo, o el pinche bulto.

Hoy que el viento lo ha esparcido por toda la vecindad, no dejando nada más que su recuerdo, pienso en el primer día que lo vi, ahí tirado, como recostado boquiabierto, los ojos ciegos, los brazos extendidos, los pies desnudos, la ropa sucia y un leve hoyo entre las cejas.

La dulce niña

A veces no sabe si nombrar a su hija Pan. Ella ahí la suave niña recostada en su camita duerme, enroscada, enharinada de noche y día, enconchada, encuernada, con sabroso olor a merienda y cena. Duerme tranquila, tan tranquila que al nombrarla se espesa el chocolate, el olor del café despierta el dulce deseo de su carne. Pan, preguntó el sacerdote al rociar el agua bendita sobre su cabeza. Pan escribió asombrado el hombre del registro civil. Pan le dice su madre en voz baja mientras duerme y se la va comiendo lentamente, saboreando su nombre.

Una breve historia de amor

Ernesto (un escritor de microrelatos) amaba a una mujer que se había enamorado de sus cuentos breves. A los cinco minutos de estar mirándose a los ojos, la mujer se aburrió de la relación. Lo único que le dijo al marcharse, es que para ser ésta una historia de amor breve había durado ya demasiado tiempo.

Canción perfecta para un día normal

Te recuerdo apenas como
una hoja seca intentando
desprenderse del árbol,
hay una edad en que todos
hemos pasado por eso.

Caminas despacio mirando los aparadores,
cuánto ha cambiado todo,
imagino qué piensas,
mientras vuelves tu mirada al celular.

Tomas una selfie y sonríes,
después vuelves a la tristeza de siempre.
Está bien por un momento
crear un instante de frágil felicidad.
Hay una canción que suena,
siempre hay una canción dices,
luego seguimos como si el silencio
fuera nuestra promesa.